Indignación nacional por declaraciones del presidente y del ministro de Salud tras la muerte del menor en Bogotá

La muerte de Kevin Arley Acosta Pico, un niño de siete años diagnosticado con hemofilia A severa, ha generado indignación en distintos sectores del país. El menor falleció en Bogotá mientras esperaba la continuidad de su tratamiento, situación que hoy reabre el debate sobre la atención a pacientes con enfermedades crónicas y huérfanas en Colombia.
Kevin debía recibir cada 28 días el medicamento Emicizumab, fundamental para reducir el riesgo de hemorragias espontáneas o derivadas de traumatismos. Sin embargo, según denunció su madre, Katherine Pico, el menor dejó de recibir el fármaco desde el 12 de diciembre del año pasado, tras cambios en la prestación del servicio de salud.
El niño residía en Palestina, Huila, y era atendido por una IPS que terminó su contrato con la EPS a la que estaba afiliado. Desde entonces, la familia asegura que quedó sin un prestador asignado efectivo, en medio de trámites y traslados fallidos que retrasaron la continuidad del tratamiento.
El caso tomó mayor relevancia luego de las declaraciones del presidente Gustavo Petro y del ministro de Salud Guillermo Alfonso Jaramillo, quienes señalaron que en pacientes con hemofilia deben extremarse medidas de prevención frente a actividades de riesgo. Sus palabras generaron controversia y fuertes reacciones en la opinión pública.
La hemofilia A severa es un trastorno hereditario que impide una adecuada coagulación de la sangre, lo que exige tratamiento permanente y seguimiento médico estricto. Organizaciones médicas han reiterado que la continuidad terapéutica es fundamental para evitar complicaciones graves.
El caso de Kevin se convierte así en símbolo del complejo momento que atraviesa el sistema de salud, especialmente para quienes dependen de tratamientos de alto costo y suministro regular

